Resumen del libro
El Tzolkin es más que un calendario
Publicado en Guatemala en 1995, este libro reúne lo que se ha escrito y lo que se ha oído sobre el calendario de 260 días, desde la época de los glifos hasta los contadores de los días de hoy. La tesis está en el título: la cuenta de los días va mucho más allá de marcar fechas.
Actualizado el 25 de septiembre de 2026

Una fuente de la lectura de Mayanastro
El Tzolkin es más que un calendario
Edición leída: Walburga Rupflin-Alvarado · Fundación CEDIM · 1995
Dónde leerlo
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Resumen y comentario de Mayanastro, escritos a partir de la lectura del libro. No reemplazan la lectura. Walburga Rupflin-Alvarado no tiene relación con el sitio.
En resumen
- La autora sostiene que el tzolk'in es un valor de la cultura maya que sobrevivió a la conquista y hoy gana fuerza, en el campo y en las ciudades.
- El capítulo central explica el día de nacimiento y los dos días que lo acompañan: la concepción y el día en que el nawal se afirma.
- Cada uno de los veinte días se describe con la voz de muchas fuentes, de las inscripciones antiguas a las entrevistas con sacerdotes mayas.
- Un capítulo entero transcribe los consejos de un sacerdote maya, grabados poco antes de su muerte.
- El libro termina mostrando el calendario como resistencia y como base de una identidad maya común.
1. Un calendario que sigue vivo
El libro salió en la Fundación CEDIM, un centro de documentación e investigación formado por profesionales de origen maya en Guatemala. La edición que leímos es la tercera, y la introducción dice por qué: mucha gente todavía se sorprende al saber que la cuenta de 260 días sigue en uso, y el libro responde a esa sorpresa.
Rupflin-Alvarado parte de una idea sencilla. Quien esperaba que el calendario desapareciera con el progreso vio lo contrario: crece, llega a las ciudades y a la capital, reúne a personas de clases y lenguas distintas. Para entenderlo, el primer capítulo habla de cultura, de símbolo, de visión del mundo y de quién tiene el poder de decidir sobre los elementos de una cultura. Es la parte más teórica y la más árida.
2. De los glifos antiguos a la práctica escondida
El segundo capítulo junta testimonios del calendario a lo largo del tiempo: cómo aparece en las inscripciones y los mitos antiguos, qué anotaron los frailes en los primeros diccionarios e informes de la colonia y cómo la práctica sobrevivió a escondidas.
Perseguida por los misioneros, la cuenta de los días se refugió en la familia, en la comunidad y en lo que los pueblos llaman costumbre, los ritos que se hacen por debajo y al lado del calendario cristiano. Las cofradías, que parecían solo católicas, también guardaron parte de esa memoria.
3. El día de nacimiento y los días que lo acompañan
Para los sacerdotes mayas a quienes el libro da la palabra, la fuerza más importante en la vida de alguien es la del día en que nació, uq'ij ralaxik. Q'ij es día y sol, y el día de nacimiento es la luz y el destino de la persona. Pero la autora insiste, con ellos, en que el día solo da la inclinación, y la vida hace el resto.
El día no llega solo. Contando desde él, el noveno día hacia atrás marca la concepción, y el noveno hacia adelante, el día en que el nawal se afirma. Las tres fuerzas se combinan de muchas maneras, y cada una ya lleva sentidos opuestos, lo que abre todavía más los caminos posibles.
El capítulo muestra también el cuidado que rodea ese saber. En las familias, el día de nacimiento no se dice a extraños, por miedo a que alguien lo use para hacer daño. Los padres averiguan el día del hijo para entender su manera de ser y para saber cuándo pedir ayuda en un rito.
Los días también cargan el año. En Momostenango, entre los ixiles y entre los q'anjob'ales todavía se cuenta el año de 365 días, que empieza cerca de marzo y retrocede un día cada cuatro años, porque nadie suma el día del bisiesto. El día que abre el año es su cargador. Los k'iche' y los ixiles usan los mismos cuatro de las inscripciones antiguas; los q'anjob'ales usan otros cuatro, y la autora anota que ningún estudio ha explicado todavía esa diferencia.
Después vienen los veinte días, uno por uno, empezando por B'atz'. Para cada uno, la autora apila las voces en orden cronológico: las lecturas de los glifos antiguos, los libros del Chilam Balam, el episodio del Popol Vuh cuando lo hay, las etnografías de los años treinta y lo que dicen los sacerdotes de hoy. El lector ve dónde coinciden las fuentes y dónde no. Un cuadro final presenta los veinte días como un dibujo de la condición humana: la vida y la muerte, el trabajo, el dinero, los antepasados, el bien y el mal.
4. Los sacerdotes mayas y los consejos de don Ambrosio
El cuarto capítulo pasa a quienes saben usar el calendario. Discute los nombres de los cargos, la mezcla de sacerdote y chamán, la profecía, la magia y la brujería, y muestra cómo los cerros, las cuevas y los nacimientos de agua forman una geografía sagrada.
La parte más valiosa es una charla grabada en 1990 por don Ambrosio, un sacerdote maya, a pedido de una pareja que lo consultaba desde hacía años. Sabiendo que se acercaba su final, aceptó dejar sus consejos para quien quisiera oírlos: sobre Dios, la elección de pareja, la construcción de la casa, los hijos, el bien y el mal, la enfermedad, los muertos. La autora transcribe sus palabras en español, ordenadas por tema.
5. El calendario como resistencia
El último capítulo ata el argumento. El calendario resistió a los misioneros de la colonia, a las campañas de renovación católica y evangélica del siglo XX y a la escuela que lo llamaba superstición. Resistió escondiéndose, pero también incorporando lo que venía de afuera y recuperando lo que se había perdido.
La incorporación se ve en el sentido de los días, que pasó a incluir cosas que no existían antes de la conquista, como los animales traídos de Europa o los asuntos con el gobierno. La recuperación aparece en quienes leen arqueología, historia y lingüística y van a escuchar a los ancianos de los pueblos para devolverle al calendario lo perdido. La autora nota, por ejemplo, que las etnografías antiguas casi nunca ligan los días a los mitos del Popol Vuh, y que esa unión es hoy una vuelta a las fuentes.
Hoy, dice la autora, observar el tzolk'in es una forma de afirmar una identidad maya común, por encima de las diferencias de lengua y de pueblo. El pueblo no rechaza el cambio: quiere conducirlo con sus propios criterios.
6. Cómo entra este libro en la lectura de Mayanastro
De aquí viene la frase que Mayanastro repite en cada lectura: el día de nacimiento inclina la vida, no la decide. La autora la recoge de boca de los propios sacerdotes mayas.
El capítulo de los días sostiene también la idea de que el día del nacimiento tiene compañeros, con la concepción antes y el nawal que se afirma después, registrada años antes del libro de Barrios. Y los testimonios sobre días con número ayudan a leer cómo un número cambia el tono de un día.
7. Los límites del libro
Quien busque un retrato listo de cada nawal encontrará muchas voces, a veces en desacuerdo, y la autora no elige una. Es un libro de consulta, hecho para comparar.
Las fuentes son casi todas k'iche'. Otros pueblos mayas de Guatemala leen algunos días de otra manera, y el libro lo advierte sin profundizar.
El primer capítulo, teórico, pesa para quien llega por curiosidad. Y el libro impreso es difícil de encontrar fuera de Guatemala.
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