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Guía · calendario maya

Astrología maya

En la astrología maya, quien habla de ti es el día en que naciste, dentro de una cuenta de 260 días que sigue viva en el altiplano de Guatemala. Esta guía muestra cómo funciona esa lectura, de dónde viene y lo que no promete.

Actualizado el 24 de septiembre de 2026

¿Cuál es tu signo maya?

Tu signo en la astrología maya es el nawal del día en que naciste. Descúbrelo en segundos, gratis, y luego lee cómo funciona.

En resumen

  • Lo que cuenta es el día en que naciste. La hora y la posición de los planetas no entran en la cuenta.
  • El día sale de una cuenta de 260 días: 13 números que giran junto con 20 nombres, los nawales.
  • El nawal da el carácter, y el número, la intensidad. Los días alrededor del tuyo forman la Cruz Maya.
  • Cada año tiene quien lo cargue: solo cuatro nawales hacen ese trabajo.
  • El día inclina, no decide. Y la cuenta sigue en uso: los ajq'ijab', que cuidan los días, la mantienen viva.

1. El astro es el día

En la astrología que conocemos de Occidente, el que manda es el cielo: la posición de los planetas a la hora y en el lugar en que naciste. La astrología maya usa otro reloj. En varias lenguas mayas, la palabra para día es la misma que para sol: kin, en el maya de Yucatán, y q'ij, en k'iche'. Para decir que llegó la hora de algo, quien habla una lengua maya dice que llegó el día.

Por eso, si hay un astro en la astrología maya, es el día mismo. Los nombres de los días casi no hablan del cielo, y la propia cuenta de 260 días no sigue ningún ciclo de allá arriba. Hay practicantes que lo resumen así: la cuenta no mira dónde están el sol, la luna y las estrellas.

Eso cambia la pregunta que importa. Aquí nadie necesita saber a qué hora naciste, porque basta el día. Los mayas medían el tiempo con cuidado, y querían saber también qué significa cada tiempo para la vida de quien lo atraviesa. Esa es la pregunta que la astrología maya le hace al día en que naciste.

En la astrología maya, el astro es el día, y sale cada mañana.

2. Una cuenta de 260 días

La cuenta tiene dos ruedas que giran juntas. Una va del 1 al 13. La otra recorre veinte nombres, los nawales. Cada día junta un número y un nombre, como 4 Ajpu o 9 Kej, y el mismo par solo vuelve después de 260 días.

  1. Glifo de Imox1Imox
  2. Glifo de Iq'2Iq'
  3. Glifo de Aq'ab'al3Aq'ab'al
  4. Glifo de K'at4K'at
  5. Glifo de Kan5Kan
  6. Glifo de Kame6Kame
  7. Glifo de Kej7Kej
  8. Glifo de Q'anil8Q'anil
  9. Glifo de Toj9Toj
  10. Glifo de Tz'i'10Tz'i'
  11. Glifo de B'atz'11B'atz'
  12. Glifo de E12E
  13. Glifo de Aj13Aj
  14. Glifo de I'x1I'xel número vuelve a empezar
  15. Glifo de Tz'ikin2Tz'ikin
  16. Glifo de Ajmaq3Ajmaq
  17. Glifo de No'j4No'j
  18. Glifo de Tijax5Tijax
  19. Glifo de Kawoq6Kawoq
  20. Glifo de Ajpu7Ajpu
  21. Glifo de Imox8Imoxel nombre vuelve a empezar
Así andan los díasEl número vuelve al 1 después del 13, y el nombre vuelve a Imox después de Ajpu. El mismo par solo se repite en 260 días.

Los ajq'ijab' dicen que el calendario vive en el cuerpo. Los dedos de las manos y de los pies suman veinte, y en k'iche' veinte se dice jun winaq, una persona. Las articulaciones grandes, del cuello a los tobillos, suman trece.

¿Y por qué 260? En Momostenango, la respuesta que se da es el embarazo: cerca de nueve lunas, el tiempo de un bebé. Es también el tiempo del maíz de montaña, de la semilla a la mazorca. Lo ideal es que lo sembrado o concebido en un día esté listo cuando vuelven el mismo número y el mismo nombre. Las teorías que ligan los 260 días a algún ciclo del cielo no tienen prueba directa.

El nombre de la cuenta dice lo que hace. En k'iche' es el Cholq'ij, de ch'ol q'ij, poner los días en orden; en Momostenango también se dice rajilab'al q'ij, la cuenta de los días. Tzolk'in, el nombre más conocido, lo inventó en 1921 un estudioso que partió de la expresión k'iche' para no usar el nombre azteca del calendario.

El Popol Wuj pone esta cuenta en el comienzo del mundo. Los creadores todavía intentaban hacer gente cuando llamaron a una pareja de abuelos, Xpiyakok y Xmukane, para echar la suerte: un puñado de granos de maíz o de semillas de tz'ite, leído con la cuenta de los días. Quien hace ese trabajo hasta hoy se llama ajq'ij, él o ella de los días.

La cuenta de los días cabe en el cuerpo de una persona y en el tiempo de un embarazo.

3. Tu día tiene cara

Nawal es la fuerza viva que habita en todo: en el cerro, en la lluvia, en el animal, en la gente. Cada uno de los veinte días también es un nawal, y quien se dirige a uno lo llama ajaw, señor. El nawal del día en que naciste pasa a ser el tuyo.

En k'iche' hay una expresión para eso: uwäch uq'ij, la cara de tu día. Cada día tiene rostro y temperamento, y así se habla de la suerte de un momento o del rumbo de una vida entera. El día del nacimiento tiene hasta nombre propio, uq'ij ralaxik.

En la tradición, cada día le da a quien nace en él una manera de ser, un oficio y un talento, cada uno con su fuerza y su límite. No existe día malo. Por eso es común que los padres conozcan el día del hijo y lo eduquen teniéndolo en cuenta.

Los nombres de los días no se traducen. En la lectura, cada nombre trae otras palabras de sonido parecido, como en una rima: en Momostenango, Q'anil, el día de la semilla, hace pensar en madurar, sembrar y cosechar.

Hay quien imagina el nawal como un animal que acompaña a la persona. Hay ajq'ijab' que dejan esa idea de lado sin negarla: para ellos, el nawal es la fuerza que concede el día de nacimiento.

Nacer en un día es recibir su cara.

Los 20 nawales, uno por uno

4. El número da el tono

El nawal dice quién es el día. El número, del 1 al 13, dice con qué fuerza actúa. Ningún nombre anda solo, y es el número de al lado el que mide hasta dónde llega ese día.

En Momostenango, un número pequeño recuerda lo que acaba de nacer, y por eso es suave. Un número grande recuerda lo que ya maduró, y pesa más. Los números se dividen en tres franjas: del 1 al 3, los suaves; del 7 al 9, los de medida, que sirven para los ritos de rutina; del 11 al 13, los intensos. El 4, el 5, el 6 y el 10 no entran en ninguna.

En la práctica de los ajq'ijab', el número se lee más por imágenes que por escalones. Algunos números tienen hasta dirección: en Momostenango hay altares ligados al 1, al 6, al 8 y al 9, y allí se va en los días que llevan esos números.

Sobre cómo se juntan número y nombre, la tradición tiene dos caras. Por un lado, el número cambia la lectura del día sin fundirse con él. Por el otro, el modo de cada día nace de la suma de los dos.

El nawal es la voz del día; el número es el volumen.

5. Los días alrededor del tuyo

La lectura no se queda en el día en que naciste. Los ajq'ijab' miran también a dos vecinos: cuentan nueve días hacia atrás y nueve hacia adelante, con el nacimiento como el primero de la cuenta. En la práctica, cada uno queda a ocho días del tuyo.

El día de atrás es el de la concepción y suele hablar de dónde vienes. El de adelante se llama destino; hay quien dice misión, y hay quien ve en él el día en que tu nawal se afirma. A los dos también se les llama día de la suerte del pasado y día de protección del futuro.

Los practicantes que dibujan la Cruz Maya agregan dos días más, seis antes y seis después del nacimiento, en los brazos. Así nacen las cinco casas: la concepción arriba, el destino abajo, tu día en el centro y un brazo a cada lado. Unos leen los brazos como los dos lados de la persona; otros, como ayudantes de cada posición.

Concepción8 días antes
Mano derecha6 días antes
Nacimientotu día
Mano izquierda6 días después
Destino8 días después
La Cruz en díasCada casa es un día real, contado a partir del tuyo. Como en los libros, la persona está de frente a quien lee.

Vale saber de dónde viene esta lectura. En los registros hechos en campo aparecen el día de nacimiento y los dos novenos días. El dibujo en cruz, con las cinco casas, viene de los practicantes.

Hay quien viste sus propios días. En Zunil, desde 1987, los cortes verdes de muchas mujeres llevan, tejidos, los glifos de tres días de cada una: el del nacimiento, el de la concepción y el del futuro.

Tu día nunca viene solo.

6. El año tiene quien lo cargue

Junto a los 260 días corre un año de 365, el Ab', con dieciocho meses de veinte días y cinco más al final. El día del Cholq'ij en que empieza ese año le da nombre y lo lleva a cuestas hasta el año siguiente. Es el Mam, el cargador del año.

La cuenta explica por qué solo cuatro nawales hacen este trabajo. Un año de 365 días tiene dieciocho veintenas y sobran cinco, así que el nombre que abre el año avanza siempre cinco casas: Kej, E, No'j, Iq' y otra vez Kej. El número sube uno cada año, y el mismo número con el mismo nombre solo vuelve a abrir el año después de 52 años.

En Momostenango, cada Mam se recibe en una montaña: Kej en Quilaja, al este; E en Tamancu; No'j en Joyan; Iq' en Socop, al oeste. Los ritos empiezan al mediodía de la víspera, y el Mam llega a medianoche, con copal ardiendo y cohetes en lo alto del cerro.

Cada cargador le da un carácter a su año. Kej es el indomable, que tira la carga al suelo, y en su año suelen perderse los negocios. El año E es tranquilo y firme, y el comercio anda bien. No'j tiene buena cabeza, y su año inventa, para bien y para mal. Iq' es el bravo, que llega con temporal violento o sin una gota de lluvia.

Cerca del cambio de año hay cinco días en que el Mam viejo ya se despidió y el nuevo todavía no llegó. Son días de cautela: la gente sale menos y evita cerrar tratos.

Naciste en un día y también en un año, y cada año tiene quien lo cargue.

7. ¿Y las estrellas?

Los mayas miraron al cielo, y mucho. Venus, Marte, los eclipses, la luna y el año solar: los antiguos medían todo eso con una precisión que todavía impresiona. Y el cielo se sigue observando: en Momostenango, quienes siguen a simple vista el camino de los astros son ajq'ijab' iniciados.

Los ritos empiezan en lo oscuro, antes de que salga el sol, en cuanto asoma la estrella de la mañana. Todo planeta que brilla al este antes del sol se llama cargador del sol. Cuando el planeta es Venus, recibe nombre de día: Junajpu, el mismo del héroe del Popol Wuj y del día que este sitio escribe Ajpu.

Las estrellas también hacen de reloj y de calendario. De noche, dicen qué hora es. A lo largo del año, avisan cuándo es tiempo de rito y cuándo es tiempo de milpa. A mediados de noviembre, las Pléyades asoman por el este al caer la noche y abren una serie que llega hasta abril: en la estación seca, la salida y la puesta de ciertas estrellas en el crepúsculo marcan los ritos.

El cielo tiene nombres propios. La Vía Láctea cambia de nombre en el camino: es el camino blanco donde corre entera, y el camino de Xib'alb'a, el mundo de los muertos, donde una grieta oscura la divide. Las Pléyades son mötz, un puñado. Los planetas son las estrellas rojas. Y todo eso junto, con el sol, la luna y los cometas, forma una sola familia: ch'umilal kaj, el cielo estrellado.

El cielo, entonces, se mira con atención. Pero cuando el asunto es una persona, quien habla es el día en que nació.

El cielo marca la hora del rito; el día marca a la persona.

8. Inclina, no decide

El día de nacimiento da una inclinación, como el terreno que baja hacia un lado. Quien camina todavía elige el paso. Hay ajq'ijab' que recuerdan que hasta un día pesado permite una vida razonable a quien aprende a manejarlo.

Cuando algo bueno o malo le pasa a alguien, es posible oír de un ajq'ij: es su día. Es una explicación posible entre otras. Un día con mala fama para los viajes, por ejemplo, solo pide que se viaje con cuidado.

Quien relee su propia historia con el calendario suele encontrar salidas que antes no veía. Y conocer los días ayuda a aceptarse y a aceptar a los demás: todo el mundo tiene dones y flaquezas, así que señalar con el dedo pierde sentido.

La consulta con un ajq'ij va más allá de un texto. Encuentra tu día y tu número y despliega lo que traen, guiado también por las señales de su propio cuerpo. Y cada ajq'ij tiene su manera: el mismo día toma sentidos distintos de uno a otro.

Hay practicantes de tono más firme, que hablan de los nawales como fuerzas que rigen la vida. La mayoría de las voces, sin embargo, habla de orientar. Esta guía se queda con ellas, y es una lectura general: no reemplaza la conversación con un ajq'ij, que lee a la persona entera.

El día inclina el terreno; quien camina eres tú.

9. Una tradición viva

La cuenta de los 260 días sigue en uso en el altiplano de Guatemala, en decenas de comunidades ixiles, mames, poqomchi' y k'iche'. Allí vive en las casas y en los altares, aunque las ruinas de la región no tengan ni una inscripción. En Yucatán, en las tierras bajas, la forma antigua de contar llegó hasta nosotros por otro camino: las piedras grabadas y los pocos libros que el fuego perdonó.

Durante siglos, familias k'iche', kaqchikeles, mames y q'anjob'ales guardaron el calendario dentro de casa, muchas veces a escondidas. Hoy se habla de él abiertamente.

El gran día es el 8 B'atz', que vuelve cada 260 días. En Momostenango reúne multitudes en el rito más grande de Mesoamérica que todavía sigue el calendario antiguo, y es en él que los nuevos ajq'ijab' suelen ser iniciados y presentados a la comunidad. Muchos practicantes llaman al 8 B'atz' Año Nuevo Maya y empiezan la cuenta por él. En cambio, cuando a un ajq'ij se le pide explicar la rueda, empieza por el día de hoy: para quien cuenta los días, la rueda no tiene un primer día fijo.

Hay ajq'ijab' que prefieren el nombre ajq'ij a sacerdote, palabra española que, para ellos, no dice lo que hacen. Y los dibujos de los días también tienen historia. En el altiplano los días solo tenían nombre, y usar el glifo como figura de cada día es una costumbre retomada desde los años ochenta. Los glifos de este sitio siguen ese camino, con un trazo inspirado en los códices.

El Dreamspell es otra cuenta. Creado en 1990, también combina 13 tonos con 20 sellos, pero cuenta de otra manera y, para la misma fecha, llega a otro día. Mayanastro usa la cuenta de los ajq'ijab' y muestra el Kin del Dreamspell solo como referencia.

Los 260 días siguen contando, y hoy también es uno de ellos.

Qué día es hoy en el calendario maya

10. Palabras para llevar

Los términos de esta guía, que aparecen también en el resto del sitio.

Cholq'ij
La cuenta de 260 días, en k'iche'. Quiere decir poner los días en orden.
Tzolk'in
El nombre más conocido de la misma cuenta, inventado en 1921 a partir del k'iche'.
Nawal
La fuerza viva de cada día. El del día en que naciste es el tuyo.
Tono
El número, del 1 al 13, que va junto al nawal y mide la fuerza del día.
Ajq'ij
Quien cuida los días y los lee para los demás. En plural, ajq'ijab'.
Cruz Maya
Tu día en el centro, con la concepción, el destino y dos brazos alrededor.
Mam
El cargador: el nawal que abre el año solar y lo lleva hasta el siguiente.
Ab'
El año de 365 días: dieciocho meses de veinte días y cinco más.
8 B'atz'
El día de la gran fiesta de Momostenango, en que se inicia a los ajq'ijab'.
Dreamspell
Otra cuenta, de 1990. Para la misma fecha, da otro día.
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