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Resumen del libro

The Mayan Calendar and the Transformation of Consciousness

Un investigador sueco lee el calendario maya no como astronomía, sino como el cronograma de un plan cósmico que mueve la evolución de la consciencia. De aquí viene la idea de los Nueve Inframundos y la tesis de que el gran ciclo terminaría en 2011, no en 2012.

Actualizado el 1 de octubre de 2026

Portada de The Mayan Calendar and the Transformation of Consciousness

De la investigación de Mayanastro

The Mayan Calendar and the Transformation of Consciousness

Edición leída: Carl Johan Calleman · Bear & Company · 2004

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Resumen y comentario de Mayanastro, escritos a partir de la lectura del libro. No reemplazan la lectura. Carl Johan Calleman no tiene relación con el sitio.

En resumen

  • Carl Johan Calleman propone que el calendario maya es una tradición profética universal, y no un instrumento de astronomía ni un asunto solo de quien estudia a los mayas.
  • El libro ordena la creación en Nueve Inframundos, cada uno veinte veces más corto que el anterior, que desarrollarían niveles de consciencia desde el primer ser vivo hasta el ser humano universal.
  • Cada ciclo tiene siete Días y seis Noches, y la evolución se aceleraría a medida que los ciclos se acortan, hasta que la historia reciente transcurre en pocos años.
  • Para Calleman, estaríamos en el penúltimo inframundo, el Galáctico, a punto de entrar en el Universal, y la cuenta se completaría el 28 de octubre de 2011.
  • El prólogo es de José Argüelles, y el libro parte de la misma familia de ideas de The Mayan Factor, con la cuenta larga aplicada a la historia del mundo.

1. Un calendario del espíritu, no del cielo

Calleman abre diciendo a qué viene. El calendario maya, para él, no interesa solo a quien estudia la cultura antigua: sería una fuente profética que concierne a toda la especie, una verdad universal que él intenta extraer del sistema maya y presentar a las personas de hoy. La tesis central del libro es que ese calendario mide la evolución de la consciencia, y no los movimientos de los astros.

Distingue su propia lectura de las demás profecías. Dice que Nostradamus, el Libro del Apocalipsis o la profecía hopi no tienen una línea de tiempo verificable, y que la del calendario maya, en cambio, podría comprobarse en los hechos de la evolución biológica y de la historia. De ahí que pida al lector tratar el libro como se trata una teoría científica, una pretensión que el propio libro repite de principio a fin.

El autor es un investigador sueco con doctorado, y el prólogo es de José Argüelles, el mismo de The Mayan Factor. Las dos obras se dan la mano: la cuenta larga de los trece baktunes no como un recuento de días, sino como la clave de un plan mayor.

2. Los Nueve Inframundos

El corazón del libro es un modelo de nueve mundos, que Calleman llama Inframundos. Los dibuja como una pirámide de nueve pisos, desde el mundo Celular, que cubriría toda la edad conocida del universo, hasta el Universal, de pocos meses. Cada mundo sería veinte veces más corto que el anterior, y todos desarrollarían un nivel de consciencia, desde el primer ser vivo a las formas de vida, a los pueblos, a las naciones y, al final, al ser humano universal.

Dentro de cada mundo, el tiempo transcurriría en siete Días y seis Noches, como una semilla que madura. Calleman cruza ese ritmo con la cosmología de los Trece Cielos y lee los baktunes como una alternancia de día y noche. Es un sistema fractal: el mismo dibujo, en escalas que van de miles de millones de años a días, siempre regido por los números 9, 13 y 7.

3. La aceleración del tiempo y el plan cósmico

De la pirámide sale la tesis sobre la historia. Como cada mundo es más corto que el anterior, la evolución estaría acelerándose: lo que antes llevaba eras pasaría a transcurrir en siglos, luego en años. Calleman aplica ese ritmo a la historia humana y ve olas: los "vientos de la historia", el surgimiento de las religiones, la escritura, los altibajos de la economía del mundo, que dos apéndices intentan encajar en el calendario.

Al escribir, hacia 2003, se sitúa en el octavo mundo, el Galáctico, con solo uno más por delante. Todo sería un plan cósmico, una inteligencia incrustada en el cosmos que marca un plazo para la humanidad. El fin de ese plan sería un salto de consciencia, y no un desastre: más gente iluminada y una humanidad unificada a medida que la cuenta se completa.

4. Por qué 2011, y no 2012

Aquí el libro se separa del resto de la fiebre de 2012. Para Calleman, los nueve mundos no terminan en el solsticio de diciembre de 2012: se completan todos juntos en un mismo día, 13 Ahau, que él sitúa el 28 de octubre de 2011. La diferencia viene de cómo cuenta el tiempo —por el tun de 360 días y por una correlación propia— y bastó para abrir una grieta entre él y quienes defendían la fecha de diciembre de 2012.

El último capítulo es la promesa. Completado el plan, la mente humana pasaría a una "mente de luz", y el calendario maya sería, en palabras del autor, el instrumento más importante para estudiar el plan cósmico. Es a esta altura cuando el libro más se aleja de la lectura que hacen los contadores de los días y más se acerca a una profecía del propio Calleman.

“La subida de la pirámide cósmica de nueve pisos se completará toda al mismo tiempo: 28 de octubre de 2011.”
Carl Johan Calleman, p. 93 (traducción nuestra)

5. Por qué este libro queda fuera de la lectura

El sistema del libro es del autor. Los Nueve Inframundos aplicados a la historia del mundo, la aceleración del tiempo, el plan cósmico y la fecha de 2011 no vienen de los contadores de los días de Guatemala, y la cuenta viva del cholq'ij, con sus veinte signos y trece tonos, casi no aparece.

Entra en el sitio de otro modo, como contexto. Calleman es una de las voces que afianzaron la idea de 2012 en el imaginario del mundo, junto a Argüelles, y conocer la tesis ayuda a entender por qué nuestra lectura no parte de ella: el Mapa nace del calendario sagrado tal como se cuenta hoy, no de un plan cósmico que el autor leyó en el calendario.

6. Los límites del libro

Es una obra de tesis, no de etnografía. La idea de un universo que sigue un cronograma exacto de evolución de la consciencia no puede comprobarse como el autor pretende, y las olas que encuentra en la historia dependen de dónde se decida cortar cada ciclo.

La fecha habló por sí misma. El 28 de octubre de 2011 llegó y pasó, y la "mente de luz" y la humanidad unificada que el libro anunciaba para entonces no se vieron. La cuenta que usa Calleman diverge de la correlación que siguen los mayas, y autores de la propia investigación sobre el calendario critican la numerología que sostiene el modelo.

Por último, el libro mezcla el calendario con pronósticos sobre la economía y la política del presente —hay hasta un apéndice sobre la guerra en Irak—, lo que lo lleva lejos del uso que los contadores de los días hacen del tzolk'in.